amigas

Todas hemos sido la ex novia loca de alguien, ¿no? Y también tenemos amigas que lo son…

Cuando conocí a J, me contó que su ex estaba loca y que lo había herido de muchas maneras. Yo, como hija orgullosa del patriarcado, le creí y dejé que creciera dentro de mí un odio profundo hacia ella. Sobretodo porque no nada más estaba loca, yo me di cuenta que él todavía estaba enamorado de ella y durante los primeros meses que empezamos a salir, él todavía seguía teniendo una relación con ella. Cosa de la que me enteré muchos años después. Aun así, yo decidí seguir con él.

Me enamoró con el ya famoso amiga, eres aaaaaarte . Amigas, en mi defensa, tengo que decir que yo tenía 18 años y él 28. Obviamente, yo no era una chica diferente a las demás, no era más madura que las otras y tampoco estaba en otra onda diferente para mi edad. Él, me hizo creer que sí. 

Lo que pudo haber sido un simple tropezón, se convirtió en una relación de 2 años. Una relación abusiva y de poder. Era una persona tóxica: celoso y posesivo. Cada vez que sentía que lo iba a dejar, entraba en la dinámica de la luna de miel, es decir, después de una pelea en donde él me decía p*ta —cosa bastante frecuente—, me pedía perdón y juraba no volver a hacerlo. Por unos días estábamos bien y después, otra vez… Pelea, reconciliación, periodo donde todo se ve mejor y pelea. 

Un día, logré cerrar ese ciclo y salir de ahí. Lo perdoné y por un tiempo, fuimos amigos porque yo me sentía bien cool de no tener ningún pedo con él. Éramos amigos, yo le contaba si salía con alguien y él también. Un día, empezó a andar con una chica. Al principio, todo bien. Ella era la mujer de sus sueños y llevaban lo que parecía una buena relación. En ese momento, yo era su ex loca. Con el paso del tiempo, esa chica se convirtió en la bruja mala del cuento y por supuesto, también se dio cuenta que ella estaba loca.  

Un día, ellos terminaron y él se puso muy mal. Habló conmigo, se desahogó y yo estaba segura que ella era uno de los peores seres humanos sobre la tierra. 

Al pasar de los meses, cortamos la amistad porque honestamente, no me interesaba seguir teniendo contacto con él. Hasta este momento, años después, yo me di cuenta que él me había violentado y no quería tener una relación cercana con mi abusador. 

Luego, llegó el #MeToo. 

Leí tantos testimonios y el corazón se me apachurró. Yo estaba enojada, muy enojada. Me enojé más, cuando él y sus amigos iban a grabar un podcast hablando de cómo se había desatado el movimiento. El podcast se grabó y él no participó. No lo hizo porque yo lo señalé como un agresor. 

Llegó el apoyo de muchos lados. 

Me sentí cobijada y en ese momento, me cayó el veinte de que su ex —quien fue su novia después de mí—  seguramente también había sufrido abusos por parte de él. La busqué en twitter y le di follow. Yo pensando que por osmosis, ella iba a entender mi mensaje. Quería decirle que la abrazaba y la entendía, que podíamos denunciarlo juntas para que nadie más sufriera un abuso de él. Claramente ella no entendió. Porque el que no habla, Dios no lo oye y así fue.

Un año después, ella me escribió. Empezamos a hablar y sucedió la magia. Ella no estaba loca y ella se dio cuenta que yo tampoco. Hicimos click y nos hicimos amigas —virtuales, porque pandemia—. 

Platicamos de nosotras, de cosas que vivimos con él y a la distancia, nos abrazamos y yo, me reconcilié conmigo. Porque durante mucho tiempo, sentí culpa y remordimiento por haberle creído a ese wey cuando yo ya sabía que él era un abusador. 

En el momento en que ella y yo hablamos, me vi en un espejo. Ella también había vivido una situación de abuso con él y nos entendimos. Al abrazarla, me abracé; le pedí perdón y me lo pedí a mí; cuando sentí compasión por ella, sentí compasión por mí y cuando me alegré de verla sana y feliz, me alegré por mí. Salimos sanas y vivas de esa relación. Salí sana, salí viva. No estoy exagerando. 

Hacernos amigas, significó para mí el primer acto de sororidad real hacía mí y hacia otra mujer. Sentí compasión y me dije que no había sido mi culpa. Desde entonces, decidí creerle siempre a una mujer. Sé que hay mujeres que mienten, pero prefiero quedar como estúpida una o dos veces a arriesgar la integridad de alguien más. 

Con el despegue de la tercera ola del feminismo, las mentes se están abriendo, los corazones se están abrazando y los gritos se unen a una sola voz. Para exigir por nosotras, por nuestra seguridad y el derecho a elegir. Hoy, el feminismo está más vivo que nunca. Estamos enojadas, sí. Pero también estamos felices porque por fin, estamos dejando de luchar entre nosotras y nos unimos para luchar contra el verdadero enemigo: el patriarcado. 

Nos volvimos compañeras de lucha, amigas y hermanas. Tal vez no nos toque ver el resultado pero estamos dejando un precedente para ellas, las que vienen llegando y las que todavía no llegan.

Por eso hacerte amiga de la ex de tu ex, es el acto feminista más rebelde que puedes hacer en contra del patriarcado y de paso, le sacas una úlcera de coraje a tu ex. 

I, gracias por la amistad que inspiró este texto.